Cartas cruzadas, Ana Alejandre

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31 enero, 2013

Alberto Moravia,



  La felicidad es tanto más grande cuando menos se la advierte. (Alberto Moravia)


            
Alberto Moravia, escritor
Alberto Moravia, pseudónimo de Alberto Pincherle (1907-1990), conocido escritor italiano nacido en Roma de una familia acomodada. 

No cursó estudios regulares por lo que se le puede considerar un autodidacta., cuya ausencia de las aulas fue debida a que desde los nueve años padeció tuberculosis ósea y tuvo que estar más de una década ingresado en un sanatorio, donde dedicó su tiempo a la lectura. Después de algunas colaboraciones con la revista "900" de Bontempelli, inició su carrera de escritor con la que, a juicio de la crítica, sigue siendo su novela más significativa, Los indiferentes (1929) historia en la que realiza una crítica de la atonía espiritual, el vacío vital, el letargo moral y la sexualidad morbosa y decadente de los personajes que reflejan a la burguesía dominante y que socavó las bases morales que pregonaba y reivindicaba el fascismo como resultado del "orden" impuesto. Desde la perspectiva del personaje visto como persona inadecuada para vivir en la sociedad de su época, el autor retomó ese recurso argumental, en consonancia con la tradición literaria de Svevo o Borgese, por ejemplo; y en cuanto al aspecto formal, utilizó la prosa fría, aséptica y desnuda de todo artificio, similar al lenguaje forense en el que prima la definición exacta y carente de todo recurso a la subjetividad que le otorgaba a su prosa un estilo austero y realista que se hizo patente en esa primera novela que le proporcionó, desde su publicación,  fama y reconocimiento en Italia. Desde ese momento, toda su obra posterior volvió a insistir sobre el mismo tema: el tedio existencial, la atonía moral de unos personajes atrapados en la propia trampa que significa la ambición, el dinero y el sexo, sin capacidad de reaccionar ante esa decrepitud moral y sin ninguna esperanza ni ganas de luchar por un futuro mejor y vivido con mayor dignidad. Moravia es la voz de la conciencia moral dormida de la sociedad de su época que se rebela ante la falta de autocrítica de sus contemporáneos. 

Posteriormente, otra novela suya, La mascarada (1941), se constituye en una sátira de los dirigentes fascistas de la II Guerra Mundial, por lo que fue prohibida por los gobernantes de su país y Moravia tuvo que permanecer oculto para no tener que ingresar en prisión. 

Después de la guerra publicó nuevas obras entre las que se cuentan Agostini, (1944); que trata sobre la problemática de la adolescencia y la iniciación sexual. Es una obra en la que aparecen determinadas notas líricas que sorprenden en Moravia. La romana (1947), novela protagonizada por un personaje capaz de sacrificarse por una noble causa y que se considera un homenaje del autor a la Resistencia, y la colección de narraciones breves El amor conyugal y otros cuentos (1949), en los que realiza un profundo estudio psicológico de sus personajes y de las circunstancias sociales que los envuelven. En su obra más famosa y significativa, La ciociara (La campesina, 1957), se inspiró en sus propias experiencias para narrar la historia de dos refugiados italianos. En su novela posterior La noia (El aburrimiento, 1960), vuelve a tratar del hastío y la falta de sentido vital de cada ser humano que vive en nuestra época y es la obra en la que emplea técnicas de análisis de la propia realidad sociológica en la que viven sus personajes (el psicoanálisis, el marxismo, técnicas sociológicas y de comunicación de masas); y, posteriormente, en La mentira (1965) hace una reflexión sobre la condición de todo escritor.Entre sus últimas obras se hayan algunas de gran contenido teórico, con un estilo que se decanta más por una novela-debate ideológico, de lo que puede servir de ejemplo los dos títulos que publicó años más tarde 1934 (1982) y El hombre que mira (1985), siendo esta última la historia de un encuentro entre un joven antifascista italiano y una joven alemana. A esa misma etapa literaria pertenece Cuentos romanos (1983), una colección de 20 narraciones cortas. 

Además, en una búsqueda incansable de formas de experimentación, escribió textos teatrales, reportajes de viaje, críticas cinematográficas, ya que desde 1955 hasta su muerte ejerció de crítico del semanal "L'Espresso" y a todo esto hay que sumarle su papel de intelectual militante, escribiendo en la prensa acerca de los temas más variados y candentes del momento. Sus ensayos fueron reunidos en El hombre como fin y otros ensayos (L'uomo come fine) (1963), que sirvió como texto fundamental y polémico del debate intelectual durante varias décadas.