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03 noviembre, 2009

Bertolt Brecht

"Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad,es hora de comenzar a decir la verdad".(Bertolt Brecht)


Este poeta, director teatral y dramaturgo alemán, nació el 10 de febrero de 1898 en Ausgburgo (Baviera) y estudió en las Universidades de Munich y Berlín.Sus inicios treatrales fueron en 1924. año en el que empieza como asesor teatral en el Deutsches Theater de Berlin, bajo la dirección de Max Reinhardt. Muy influenciado por el expresionismo que era el principal movimiento dramático de la época, mostraba dicho influjo en sus primeras obras. En 1928 escribió el drama musical La ópera de los cuatro cuartos (conocida también como de los tres peniques, tres centavos o de la perra gorda) en colaboración con el compositor aleman Kurt Weill. Esta obra estaba basada en La ópera del mendigo (1728) del dramaturgo inglés Jonh Gay y era una sátira de los males representados por el capitalismo, convirtiéndose en el éxito teatral más importante de Brecht y uno de los mássonado de la época, cuando se estrenó en 1928 en Berlín.


Desde 1924, año en el que Brecht comenzó a estudiar el marxismo con sumo interés y a partir de 1928, año en el que comenzó este autor a escribir y estrenar varios dramas musicales de tinte didáctico, hasta la llegada de Hitler al poder, creó y estrenó los dramas musicales como la ópera Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny (1927-1929), también musicada por Weill, obra en la que volvía a criticar ferozmente el capitalismo, su gran obsesión además de su extremada preocupación por la justicia y su aplicación que, también, fue un tema fundamental en su obra.

En esta primera época de su carrera, Brecht también dirigía a los actores y creó y desarrolló paulatinamente una teoría de la técnica dramática a la que se conoce como teatro épico, ya que durante este periodo inicial de su carrera, Brecht dirigía a los actores y empezó a desarrollar una teoría de técnica dramática conocida con la citada denominación de teatro épico, teoría teatral que era consecuencia de ser un ferviente detractor de los métodos tradicionales del teatro realista, ya que prefería un sistema narrativo más novedosos, por lo que le gustaba utilizar sistemas de distanciamiento como eran los apartes y las máscaras, cuestiones éstas que procuraban que el espectador no se identificara con los personajes de la escena, en un intento de conseguir una mayor frialdad emocional que aumentaría la objetividad, a juicio de este dramaturgo, para analizar lo que sucedía en escena. Brecht consideraba el alejamiento o distanciación subjetiva como elemento esencial para el proceso de comprensión del público, ya que al disminuir su respuesta emocional, se le obligaba a pensar y comprender mejor lo que el autor y la obra querían expresar. Como ejemplos de obras de este tipo se pueden citar La toma de medidas, La excepción y la regla, El que dice sí y el que dice no, obra ésta última que es la que manifiesta de una forma más rigurosa y radical el pensamiento socialista del autor.

Por su manifiesta oposición al gobierno de Hitler, tuvo que huirr de Alemania en 1933, viviendo primero en Escandinavia y pasando luego a residir a California, en 1941. Ese período de exilio fue enriquecedor para su obra, porque a lo largo del mismo escribió muchas de las que son consideradas como las mejores de Brecht, La vida de Galileo Galilei (1938-1939), Madre coraje y sus hijos (1941), que consiguieron acrecentar y consolidar su fama como un importante dramaturgo y El circulo de tiza caucasiano (1944-45).

Brecht se consideraba a sí mismo un hombre de teatro que se había liberado de las tendencias del teatro expresionista para experimentar con nuevas formas. Quería mostrar que ese cambio no sólo era posible sino necesario. Su versátil empleo de la lengua y de las formas poéticas —lenguaje clásico mezclado con el habla coloquial, versos libres e irregulares— lo dirigió a sacudir la conciencia del público y a llevarlo de una pasividad acrítica a la reflexión y, esperanzadamente, a la acción.

En 1948, Brecht volvió a Alemania, se estableció en Berlín Este y fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Fue una figura controvertida en la Europa del Este, ya que su pesimismo moral chocaba con el ideal soviético del realismo socialista. A lo largo de su vida escribió también varias colecciones de poemas que, con sus obras de teatro, lo sitúan entre los más grandes autores alemanes.

Murió el 14 de agosto de 1956 en Berlín

Bibliografía sobre Bertolt Brecht



Para quienes estén interesados en buscar una mayor información sobre este escritor y dramaturgo, se relacionan a continuación algunas obras fundamentales que hablan de esta importante figura de las letras y la escena alemana:


Diario de trabajo. Bertolt Brecht. Traducción de Nélida Mendilaharzu de Machain. 3 vols. Buenos Aires: Nueva Visión, 1979.

Esta obra fue escrita entre 1938 y 1955. Contiene reflexiones sobre la producción teatral y la situación política, además de otros temas de índole teórica y práctica. El primer volumen, de 1939 a 1941, comprende el periodo de la estancia del escritor en Dinamarca, Suecia, Finlandia y Estados Unidos. El segundo, de 1942 a 1944, comprende su estancia en Estados Unidos. El tercero, de 1944 a 1955, abarca los tres últimos años de exilio, su estancia en Suiza y el regreso a Berlín.

Es ésta una obra excepcionalmente importante como fuente de información para comprender la obra dramática y literaria de este autor.


Bertolt Brecht. Paolo Chiarini, Traducción de Jesús López Pacheco. Barcelona: Península, 1969. El autor, un afamado investigador italiano, Paolo Chiarini,nos descubre en este ensayo aspectos de la biografía del dramaturgo alemán, así como una profunda reflexión que lleva hacia la definición del teatro épico y la teoría del distanciamiento.


Lectura de Brecht.
Bernard.Dort, Traducción de Juan Viñoly. Barcelona: Seix Barral, 1973. Bernard Dort Esta obras iincluye una breve pero muy completa biograhía del dramaturgo en cuestión y un extenso recorrido a través de las distintas etapas en la obra de Brecht.


Fragmentos de obras de Bertolt Brecht

A los hombre futuros,
de Poesías escritas durante el exilio



Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la noticia terrible,
aún no le ha llegado.

¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
Ese hombre que va tranquilamente por la calle
¿lo encontrarán sus amigos
cuando lo necesiten?

Es cierto que aún me gano la vida
Pero, creedme. es pura casualidad. Nada
de lo que hago me da derecho a hartarme.
Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara,
[estaría perdido).
Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!»
Pero ¿cómo puedo comer y beber
si al hambriento le quito lo que como
y mi vaso de agua le hace falta al sediento?
Y, sin embargo, como y bebo.

Me gustaría ser sabio también.
Los viejos libros explican la sabiduría:
apartarse de las luchas del mundo y transcurrir
sin inquietudes nuestro breve tiempo.
Librarse de la violencia.
dar bien por mal,
no satisfacer los deseos y hasta
olvidarlos: tal es la sabiduría.
Pero yo no puedo hacer nada de esto:
verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.

II

Llegué a las ciudades en tiempos del desorden,
cuando el hambre reinaba.
Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía
y me rebelé con ellos.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.
Mi pan lo comí entre batalla y batalla. Entre los asesinos dormí.
Hice el amor sin prestarle atención
y contemplé la naturaleza con impaciencia.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos.
La palabra me traicionaba al verdugo.
Poco podía yo. Y los poderosos
se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Escasas eran las fuerzas. La meta
estaba muy lejos aún.
Ya se podía ver claramente, aunque para mí
fuera casi inalcanzable.
Así pasé el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

III

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando habléis de nuestras debilidades,
pensad también en los tiempos sombríos
de los que os habéis escapado.

Cambiábamos de país como de zapatos
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos
que también el odio contra la bajeza
desfigura la cara.
También la ira contra la injusticia
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,
que queríamos preparar el camino para la amabilidad
no pudimos ser amables.
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros
con indulgencia. "

Fragmento de "Dialogos para fugitivos", de Bertolt Brecht

El texto siguiente forma parte de «Diálogos para fugitivos», escritos en 1940-1941 por Bertolt Brecht durante su exilio en Finlandia.

Los protagonistas de los diálogos, Ziffel, científico, y Kalle, obrero, huyen del nazismo. Sus conversaciones en la estación de Helsinki nos remiten en clave casi siempre irónica a temas como el poder, la guerra, la democracia...




La población civil es un problema (Bertolt Brecht)

Triste suerte de las grandes ideas: la población civil es un problema




ZIFFEL miraba con aire sombrío los polvorientos jardines del ministerio de Asuntos Exteriores, donde le tenían que renovar su permiso de residencia. En un periódico sueco, expuesto en una vitrina, había visto las noticias sobre el avance de los alemanes en Francia.

ZIFFEL: La gente hace fracasar todas las grandes ideas.

KALLE: Mi cuñado estaría de acuerdo con usted. Le atrapó un brazo el engranaje de una transmisión y tuvo la idea de abrir un estanco, en el que vendería también artículos de mercería, como agujas, hilo y algodón de zurcir, porque a las mujeres ya les gusta fumar, pero no les gusta ir al estanco. La idea fracasó porque no consiguió la licencia. Pero no importó mucho porque, de todas formas, nunca habría reunido el dinero necesario.

ZIFFEL: Eso no es lo que yo llamo una gran idea. Una gran idea es la guerra total. ¿Ha leído usted cómo, durante estos días, en Francia, la población civil ha perturbado el curso de la guerra total? Dicen que ha echado por tierra todos los planes del Estado Mayor. Ha entorpecido las operaciones militares, ya que las oleadas de fugitivos bloqueaban las carreteras e impedían los movimientos de tropas. Los tanques quedaron detenidos por el gentío, cuando por fin se han inventado ya máquinas que ni siquiera se atascan en un pantano y que pueden derribar un bosque. Las gentes hambrientas han devorado las reservas de provisiones de las tropas. Así que la población civil se ha revelado como una verdadera plaga de langosta. En el periódico, un experto en cuestiones logísticas subraya con inquietud que la población civil se ha convertido en un grave problema para los militares.

KALLE: ¿Para los alemanes?

ZIFFEL: No, para los propios; la población francesa para los militares franceses.

KALLE: Eso es sabotaje.

ZIFFEL: Por lo menos en el resultado. ¿Para qué sirven los más meticulosos cálculos del Estado Mayor, si el pueblo siempre se mete por medio y provoca la inseguridad en el escenario de la guerra? Ni las órdenes, ni las advertencias, ni las exhortaciones, ni las llamadas a la razón, parecen haberlo remediado. Apenas aparecían sobre una ciudad los aviones enemigos con sus bombas incendiarias, todo lo que tenía piernas salía corriendo, sin pararse a pensar ni por un momento que perturbaban sensiblemente las operaciones militares. Los habitantes emprendían la huída sin consideración.

KALLE: ¿Y quién tiene la culpa?

ZIFFEL: Se tendría que haber pensado a tiempo en la evacuación del continente. Sólo el alejamiento total de la población podría permitir el desarrollo racional de las operaciones y el aprovechamiento íntegro de las nuevas armas. Y tendría que ser una evacuación permanente, porque las guerras modernas estallan con la rapidez de un rayo, y si en ese momento no está todo dispuesto, es decir, si no se ha quitado de en medio a la gente, todo está perdido. Y esta evacuación tendría que llevarse a cabo en el mundo entero, porque las guerras se propagan a una velocidad vertiginosa y nunca se sabe dónde se va a desatar la ofensiva.

KALLE: ¿Una evacuación permanente en el mundo entero? Eso requiere organización.

ZIFFEL: Existe una sugerencia del general Amadeo Stulpnagel que sería aplicable, al menos como solución provisional. El general propone que la población civil propia sea depositada, por medio de aviones de transporte y paracaídas, detrás de las líneas contrarias, en territorio enemigo. Esto produciría un doble efecto en el sentido deseado. Primero, se liberaría el campo de operaciones propio, el despliegue de las tropas se podría efectuar sin contratiempos y los víveres beneficiarían íntegramente al ejército; segundo, se sembraría el desconcierto en la retaguardia enemiga. Las vías de acceso y las líneas de comunicación del adversario serían bloqueadas.

KALLE: ¡Eso es el huevo de Colón! Como ha dicho el Führer, los huevos de Colón están tirados por las calles. Basta con que venga alguien y los levante, con lo cual se refería a sí mismo.

ZIFFEL: Esta idea es auténticamente alemana por su audacia y su carácter no convencional.. Pero no es una solución definitiva del problema. Porque, como es lógico, en represalia, el enemigo también lanzaría inmediatamente a su población civil en territorio contrario. La guerra siempre se rige por el principio «Ojo por ojo, diente por diente». Una cosa es segura: si no se quiere que la guerra total quede sólo en proyecto para el futuro, habrá que encontrar una solución. La alternativa es muy simple: o se hace desaparecer la población, o la guerra es imposible. Cualquier día, y pronto, habrá que tomar una decisión.

ZIFFEL vació su vaso tan lentamente como si fuera el último. Después, se separaron y se alejaron, cada uno por su lado.


Los textos que se ofrecen están sacados de las obras Historias del señor Keuner, Me—Ti Libro de los Cambios y Diálogos de refugiados.1