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26 mayo, 2019

Sergio Ramírez



Aergio Ramirez


Sergio Ramírez

Sergio Ramírez, el primer escritor nicaragüense que ha sido premiado con el más importante premio de las letras hispanas.

Galardonado con el Premio Cervantes 2018 (Masatepe, Masaya, 1942) es el primer escritor nicaragüense que ha recibido tan prestigioso premio literario, el más importante después del Premio Nobel de Literatura.

Ana Alejandreh

Sergio Ramírez recibió el premio Cervantes de manos del Rey Felipe Vi, en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, con la agridulce sensación de alegría por tan ilustre reconocimiento a su labor literaria, pero matizada de amargura por los aciagos sucesos que estaban transcurriendo, ese mismo día 23 de abril, en su país, donde se habían producido una treintena de asesinatos, disturbios, manifestaciones y una dura represión policial.Antes del discurso que pronunció el escritor dedicó unas breves palabras «a la memoria de los nicaragüenses que han sido asesinados por salir a la calle a reclamar justicia y democracia», y también hizo referencia a los jóvenes que luchan para que «Nicaragua vuelva a ser una república» Después, en su discurso oficial, el autor galardonado rindió homenaje a Cervantes y a Rubén Darío, que son los referentes y ejes sobre los que se sustenta su propia trayectoria literaria.

Aunque reconoció en una reciente entrevista concedida al escritor Juan Cruz, que de pequeño no leía nada más que tebeos, sin embargo creció en un ambiente familiar muy sonoro provocado por su padre que era músico, quien le daba a cada hijo un instrumento musical desde muy pequeño para que fuera miembro de la banda familiar.

Su falta de lecturas la compensaba escuchando en la radio los textos de los más grandes escritores de los inicios del siglo XX. Su amor por la escritura fue ayudada por la sonoridad que lo había rodeado siempre y que le exigía encontrar las palabras adecuadas para que la lectura tuviera ritmo.

Desde el principio sintió que su vocación era la de cuentista, y tenía a dos maestros del relatos como referentes; Chéjov, el escritor ruso que siempre marca sus relatos con una indefinible melancolía y deja el final abierto o un tanto anbiguo para el lector; y a O. Henry, totalmente opuesto al anterior que planteaba sus cuentos «como un teorema matemático en el que la resolución era perfecta». Entre ambos prefirió elegir a Chéjov, quizás porque la vida no ,se ajusta a ninguna teoría matemática, en la que el azar, la suerte o la propia determinación son los determinantes de cada destino humano.

Se afilió al Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1975, y fue miembro de la Junta de Gobierno, d
espués del triunfo de la revolución sandinista (1979) y vicepresidente de la República (1984-1990). Tras su alejamiento paulatino del FSLN, en 1995 abandonó la militancia en dicho partido.

Ramírez encontró entre los miembros de la Generación del boom latinoamericano a grandes amigos que, además, también fueron para él referentes literarios más actuales, como son los nombres de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Juan Rulfo, entre otros, destacando a este último como el escritor que más le enseño sobre técnica narrativa, pues lo consideraba el más novedoso de todos.

Aunque se declara poeta, este escritor es novelista, cuentista, ensayista, memorialista y, además, poeta. La convulsa situación política de su país y toda Centroamérica ha marcado profundamente su obra y su propia estética literaria.

Entre su obra compuesta por más de treinta títulos de relatos y novelas, destacan las obras “Cuentos completos” (1997), “Margarita está linda la mar” (1998), “Mil y una muerte” (2004), y “Y nadie llora por mí” (2017). También, es autor de más de una veintena de obras ensayísticas y testimoniales.