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30 octubre, 2014

John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014

Ana Alejandre
Jonh  Banville

La noticia de la concesión del  Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, en su 34º edición a John Banville no ha sorprendido, pero sí ha entusiasmado a sus muchos seguidores, tanto en su país Irlanda, como en el resto del mundo donde tiene una gran audiencia entre los lectores que encuentran en sus obras -unas, firmadas con su nombre real y, otras, con el pseudónimo de Benjamín Black con el que firma sus obras del género policíaco o "negro"-,  la creación de unos mundos privados, íntimos, pero siempre inquietantes, sabiamente descritos y recreados y, al mismo tiempo, en las del género policíaco esos mundos se tiñen con tintes más oscuros para ofrecer aquellas zonas más sórdidas, peligrosas y deleznables del ser humano.
El Jurado destaca en su veredicto su "inteligente, honda y original creación novelesca, y a su otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policiacas", y concluye diciendo: "atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexión sobre los secretos del corazón humano".
Entre los otros 23 candidatos, todos ello autores de prestigio como son Haruki Murakami, James Salter o Ian MacEwan, además de los españoles Juan Goytisolo y Pere Gimferrer, ha prevalecido John Banville, quien demostró su emoción al conocer la noticia y especialmente que la entrega de dicho premio lo haría el que ya habría dejado de ser Príncipe de Asturias para convertirse en Felipe VI,  Rey de España.
El contenido humano que destila toda la obra de este autor es esencial en el valor literario de sus novelas, porque en ellas prima su escritura elegante, pausada, siempre certera en las descripciones de los sentimientos y del mundo íntimo y personal de los personajes que habitan sus obras; pero también hace hincapié en la necesidad de que la historia narrada ofrezca, además y sobre todo, un caudal de belleza sin el que la historia contada no tendría la calificación de la literatura, es decir, de arte. 
Sorprende a todo lector, por avezado que pueda ser, su capacidad de descifrar los secretos de la naturaleza humana y de describirlos con una honda sabiduría emocional que dota a sus personajes, siempre atrapados en dudas existenciales o en crisis personales e íntimas, de una total veracidad que llega a los lectores porque en ellos se pueden reconocer, ya que son seres auténticos, dotados de vida, de autenticidad y de una humanidad que traspasa las páginas para dejar una honda huella al lector.
Este premio de tanto prestigio tanto dentro como fuera de España, se une al recibido en 2005, el Premio Booker, por su novela El mar, además del Premio Allied Iris Bank Fictión por su obra Kepler. En 2011 también recibió el prestigioso Premio Franz Kafka,  galardón considerado como la antesala del Premio Nobel.
Banville, nacido eh 1945 en Wexford (Irlanda), ha sido un autor desconocido en España hasta 2007, aunque era un autor de culto para los lectores que lo habían descubierto. Fue en ese mismo año cuando creo el personaje de Benjamin Black. 
Además de crear sus propios personajes, ha recobrado al personaje de Philip Marlowe, creado por Raymond Chandler, en su última novela escrita con el pseudónimo Benjamin Black, La rubia de ojos negros, a petición de los herederos de Chandler.
En la prosa de Benville están manifiestas las referencia culturales, en las que el autor muestra todo el caudal de conocimientos de los mitos clásicos, pero además muestra siempre una carga de ironía pero no exenta de esa belleza, búsqueda constante de este autor para el que ésta última tiene que ser parte fundamental de su obra, y para ello siempre utiliza la expresión más genuina en la que pueda plasmarse aquella sin perder, por ello, la más exquisita depuración estilística y formal que convierten a todas sus obras en auténticas joyas literarias, en las que el humor negro siempre aparece matizando todas las situaciones narrativas. Por ello, se le considera uno de los grandes maestros de la literatura contemporánea y para algunos estudiosos es el verdadero sucesor de Nabokov.
Su serie de novela negra,  publicada con el pesudónimo de Benjamin Black, protagonizada por Quirke, ha obtenido un gran éxito de crítica y público -fenómeno que no suele coincidir casi nunca-,  ofrece títulos como El secreto de Christine (2007), El otro nombre de Laura (2008), En busca de April (2011), Muerte en verano (2012) y Venganza (2013), cuyos derechos han sido adquiridos por la BBC para llevarla a la pantalla en fechas próximas.
Su últimas novelas publicadas han sido una con su nombre real, Antigua luz, que en España fue publicada por Alfaguara en 2012; y, otra, la ya mencionada La rubia de ojos negros, también publicada por dicha editorial en 2014. Ha publicado casi una treintena de la libros, tanto con su nombre real como con el ya mencionado pseudónimo.
Antes de escritor trabajó en una compañía aérea. A partir de 1970 inició su colaboración con Irish Press, hasta 1995, año en que se cerró dicha publicación. Luego  comenzó como subdirector del Irish Times y también como editor literario hasta 1999. Actualmente colabora con The New York Times Review of Books. Además de su labor periodística también ejerce como crítico literario.
Para este autor el lenguaje es lo más importante, por lo que trabaja y cuida meticulosamente el texto escrito, porque según afirma lo demás como es la trama y los personajes "van por su lado". Afirma al igual que Chadler que el lenguaje es lo que marca el estilo y es lo primordial. 
Otorgarle el Premio Príncipe de Asturias de las Letras es el reconocimiento debido a un escritor que ha creado un universo personal, dotado de una gran  riqueza conceptual y con resonancias clásicas, que constituye un certero estudio de la condición humana a través del análisis de unos personajes que se debaten en sus propias contradicciones y en una sociedad como la actual en el que ser humano se encuentra más perdido y desorientado que nunca, pero sin renunciar por ello a la consecución de un estilo propio, de un lenguaje cuidado y siempre sugerente, y una constante y conmovedora belleza.