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30 junio, 2012

Marguerite Duras

por Ana Alejandre

Margarite Duras
Marguerite Duras, novelista, dramaturga directora y guionista de cine, nació en Saigon (en la actualidad se llama Ciudad Ho Chi Minh), el 4 de abril de 1914. Vivió en la Indochina francesa durante su infancia y adolescencia, lo que le produjó una huella imborrable por  las vivencias que tuvo en dicho país y que le inspiraron muchas de sus obras más notables.

En 1943 cambió su nombre por el que todos la conocemos, Marguerite Duras, inspirada en el nombre  de una localidad de Lot-et-Garonne, villa en la que se encontraba la casa familiar.

Se traslada a Francia en 1932 y en ese país estudió las carreras de Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas y trabajó como secretaria en el Ministerio de las Colonias desde 1935 a 1941.

Contrajo matrimonio en 1939 con Robert Antelme y de cuya unión nació un hijo que murió en 1942. Conoció a Dionys Mascolo en ese mismo año, hombre que sería su amante después y con el que participo en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial en un grupo que cayó en una emboscada por parte de los alemanes y de la cual Marguerite pudo escapar, siendo ayudada por François Miterrand, quien sería el famoso político décadas después. Su marido, Robert Antelme fue apresado en dicha emboscada y enviado a prisión, el 1 de julio de 1944, y enviado al campo de concentración de Dachau. Cuando fue liberado, en 1945, y regresa a su hogar, por las graves circunstancias de salud en las que vuelve, Marguerite decide quedarse con él para cuidarle, a pesar de su deseo de divorciarse, hecho dramático que sirve de trama en su novela El dolor (La doleur), a pesar de que hay ciertas dudas sobre la exactitud de lo que relata en dicha obra. Al fin, se divorcian en 1946.

            Publica su primera novela en 1943, Los imprudentes (Les imprudents) y, al año siguiente, La vida tranquila (La vie tranquile), obras que  en las que son evidentes las influencias narrativas sajonas que después se decantarían hacia las del nouveau roman en sus obras posteriores.

Margarite Duras en su mesa de trabajo
            La fama, sin embargo, no le llegaría hasta la publicación de su novela de inspiración autobiográfica Un dique contra el pacífico (Un barrage contre le Pacifique), publicada en 1950, fama que le sería refrendada con el Premio Goncourt que le concedieron en 1984 con su famosísima novela El amante, del mismo año, también con tintes autobiográficos,y obra que fue conocida mundialmente y tuvo una tirada de más de tres millones de ejemplares y traducida a más de cuarenta idiomas.

Otras obras posteriores fueron  los títulos Moderato cantabile (1958), Los viaductos del Sena y Oise (Les Viaducs de la Seine et Oise), de 1959;  Hiroshima, amor mío (Hiroshima mon amour), 1960, novela esta última de la que escribió el guión de la película inspirada en dicha obra y dirigida por Alain Resnais;  El mediodía de M. Andesmas) (L'après-midi de M. Andesmas), (1960), entre otras.  Además dirigió ella misma otras películas como son los títulos  India song  y Los niños, entre otras, cuya relación de filmografía se puede encontrar en otro apartado más abajo.

Otra imagen de Margarite Duras
            Duras tuvo una vida tormentosa y novelesca. En toda su obra se advierten sus temas que son el motivo central de su narrativa: la destrucción, el amor, la soledad,  la alienación, el desamor y el paso del tiempo. Por ello, en la obra de esta escritora se puede encontrar continuamente como telón de fondo siempre historias de personajes atormentados por la búsqueda del amor, por la huida de la soledad, pero también el deseo se encuentra presente, tanto el sexual como el propio deseo vital e irrefrenable de encontrar un lugar en el mundo y la propia identidad. Todo esto va siendo  narrado a través de las palabras, pero también del silencio, porque en esa oquedad  sonora que representa el silencio, está implícito el significado oculto de las propias palabras que encuentran en el silencio su contrapunto perfecto  que hace que el significado de aquellas sea mucho más definitorio, mucho más evidente y clarificador.

            Entre los personajes principales en la obra de Marguerite duras está uno muy importante e ineludble en el universo literario de esta escritora: su propia madre, la que le marcó profundamente con su falta de amor. DSu influencia la convirtió a  ella, la escritora, en un personaje basculante entre la necesidad afectiva y las que el cuerpo le dictaban. Apasionada e imprevisible como fue Marguerite, por influencia de su madre  que conforma de una manera altamente expresiva el mapa literario, mental y sentimental de su hija.

Marguerite duras en los últimos años de su vida.
            Marguerite Duras fue siempre una escritora y un personaje controvertido que gozaba igualmente de las simpatías y admiración de muchos, como del rechazo de otros. Su carácter no tenía términos medios, sino que parecía estar cincelado con rasgos tan definidos como contradictorios: apasionada, dulce, irritable y explosiva; genial y a ratos narcisista y caprichosa. Ella decía de sí misma, como  la mejor y más concisa definición en la que entraban y explicaba todas sus propias contradicciones: "Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más".

            Reivindicaba la escritura como forma de exorcizar a los propios demonios interiores y para hacer más soportable la realidad y esta reivindicación la expresaba diciendo:” Escribir, escribir a pesar de todo, a pesar de la desesperación”. Además, ella sabía y aceptaba que la propia escritura y la obra consiguiente nunca podría expresar con total exactitud lo que el escritor quiere decir y poder reflejar así su propio imaginario que se expresa a través de la creación. La búsqueda de la palabra exacta, de la expresión justa se convierte así en prioritario para ella, quien compara a la escritura al amor, y a ambos los considera como una “prueba", término usado constantemente por esta escritora, al aceptar de antemano que la expresión escrita y la amorosa nunca podrán alcanzar la definición exacta  de lo creado por el escritor o de la propia intensidad de la pasión amorosa. Así afirma esta escritora: "Escribir es tratar de saber lo que uno escribiría si uno escribiera". Con esta frase reafirma su idea de que la escritura es una” prueba”, es decir, un ensayo sobre algo ideal, sea la obra literaria o el amor, lo que nunca se llega a expresar debidamente.

            Toda ese deseo de expresión máxima produce en ella casi un intento inconsciente de llegar a la catarsis a través de la escritura. Por ello, su obra siempre se centra en la arquitectura literaria que parte del núcleo central de una explosión central, es decir un momento inicial en el que se desencadenan los hechos que destruyen el escenario vital y mental de sus protagonistas, y a través de esta explosión de violencia psicológica, se construye la parte discursiva de la obra que está construida siempre sobre los pilares que encarnan la muerte y el deseo, pero no se habla siempre de muerte física, sino de la muerte psicológica o emocional. Y lo expresa con una escueta frase: ““Destruir”, pero esa destrucción es la que permite que de lo destruido nazca un orden nuevo, una realidad distinta, en diferentes matices y variaciones que construyen otra realidad diferente asentada sobre las cenizas de la anterior. Eterno retorno, como el yin y el yan, es decir, los dos polos opuestos de la realidad, como son la destrucción y el nacimiento posterior  de otra realidad distinta, ciclos que vuelven siempre, en ese eterno retorno del que nos habla la sabiduría milenaria oriental: amor y desamor, vida y muerte, control y desenfreno total., indiferencia y pasión

            A lo largo de su vida mantuvo amistad con intelectuales de su época, entre los que destacan Albert Camus, Paul Sartre, Simone de Beauvoir y un largo etcétera, aunque con muchos encuentros y desencuentros.

Duras militó en el Partido Comunista hasta su expulsión en 1955

Marguerite Duras en los últimos tiempos
 cuando ya le aquejaba la terrible enfermedad que padeció.
La  obra literaria  de esta autora  está formada por unas cuarenta novelas y una docena de piezas de teatro.

 Su  obra dramática fue reconocida en 1983 por la Academia Francesa con el  Gran Premio del Teatro.. Además de dicho galardón, recibió otros muchos premios literarios a lo largo de su vida.

            Falleció  el 3 de marzo de 1996, a causa de un cáncer de garganta. Está enterrada en el Cementerio de Montparnasse, en París

29 junio, 2012

Bibliografía de Marguerite Duras


Bibliografía                                                                                               
Marguerite Duras en plena madurez
  • Péan, Pierre (1996). Una juventud francesa: François Mitterrand, 1934-1947. Barcelona: Editorial Juventud. 84-261-2963-3.
  • Les Impudents, Plon, 1943.
  • La Vie tranquille, Gallimard, 1944.
  • Un barrage contre le Pacifique, Gallimard, 1950.
  • Le Marin de Gilbaltar, Gallimard, 1950.
  • Des petits chevaux de Tarquinia, Gallimard, 1953.
  • Des journées entières dans les arbres, Le Boa, Madame Dodin, Les Chantiers, Gallimard, 1954.
  • Le Square, Gallimard, 1955.
  • Moderato Cantabile, Les Éditions de Minuit, 1958.
  • Les Viaducs de la Seine et Oise, Gallimard, 1959.
  • Hiroshima mon amour, Gallimard, 1960.
  • L'après-midi de M. Andesmas, Gallimard, 1960.
  • Le Ravissement de Lol V. Stein, Gallimard, 1964.
  • Teatro I : les Eaux et Forêts-le Square-La Música, Gallimard, 1965.
  • Le Vice-cónsul, Gallimard, 1966.
  • L'Amante Anglaise, Gallimard, 1967.
  • Teatro II : Suzanna Andler-Des journées entières dans les arbres-Yes, peut-être-Le Shaga-Un homme est venu me voir, Gallimard, 1968.
  • Détruire, dit-elle, Les Éditions de Minuit, 1969.
  • Abahn Sabana David, Gallimard, 1970.
  • L'Amour, Gallimard, 1971.
  • « Ah! Ernesto », Hatlin Quist, 1971.
  • India Song, Gallimard, 1973.
  • Nathalie Granger, seguido de La Femme du Gange, Gallimard, 1973.
  • Le Camion, seguido de Entretien avec Michelle Porte, Les Éditions de Minuit, 1977.
  • L'Eden Cinéma, Mercure de France, 1977.
  • Le Navire Night, seguido de Césarée, les Mains négatives, Aurélia Steiner, Mercure de France, 1979.
  • Vera Baxter ou les Plages de l'Atlantique, Albatros, 1980.
  • L'Homme assis dans le couloir, Les Éditions de Minuit, 1980.
  • L'Eté 80, Les Éditions de Minuit, 1980.
  • Les Yeux verts, in les Cahiers du Cinemà, n°312-313, junio de 1980 y nueva edición, 1987.
  • Agatha, Les Éditions de Minuit, 1981.
  • Outside, Albin Michel, 1981.
  • L'Homme atlantique, Les Éditions de Minuit, 1982.
  • Savannah Bay, Les Éditions de Minuit, 1982, 2e edición aumentada 1983.
  • La Maladie de la mort, Les Éditions de Minuit, 1982.
  • Teatro III : -La Bête dans la jungle, 1984.
  • L·amant, Les Éditions de Minuit, 1984.
  • La Douleur, POL, 1985.
  • La Música deuxième, Gallimard, 1985.
  • Les Yeux bleus Cheveux noirs, Les Éditions de Minuit, 1986.
  • La Pute de la côte normande, Les Éditions de Minuit, 1986.
  • La Vie matérielle, POL, 1987.
  • Emily L., Les Éditions de Minuit, 1987.
  • La Pluie d'été, POL, 1990.
  • L'Amant de la Chine du Nord, Gallimard, 1991.
  • El verano del 80, (Trad Amelia Hernández) bid & co. editor. 2010

Filmografía de Marguerite Duras


FILMOGRAFÍA
Imagen de Marguerite Duras en plena madurezFilmografía










1977 : Les Plages de l'Atlantique (Baxter, Vera Baxter)

1978 : Les Mains négatives (cortometraje)







1982 : Il Diálogo di Roma (documental)


El tren a Burdeos, de Marguerite Duras

de Marguerite Duras
Marguerite Duras en  plena juventud

Una vez tuve dieciséis años. A esa edad todavía tenía aspecto de niña. Era al volver de Saigón, después del amante chino, en un tren nocturno, el tren de Burdeos, hacia 1930. Yo estaba allí con mi familia, mis dos hermanos y mi madre. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos, y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Debía de tener treinta años. Debía de ser verano. Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias y los pies desnudos en unas sandalias. No tenía sueño. Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia, y yo le contaba cómo se vivía en las colonias, las lluvias, el calor, las verandas, la diferencia con Francia, las caminatas por los bosques, y el bachillerato que iba a pasar aquel año, cosas así, de conversación habitual en un tren, cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia. Y luego, de golpe, nos dimos cuenta de que todo el mundo dormía. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos. Yo hablaba bajo para no despertarlos. Si me hubieran oído contar las historias de la familia, me habrían prohibido hacerlo con gritos, amenazas y chillidos. Hablar así bajo, con el hombre a solas, había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos, y de ese modo empezó todo en el mismo momento, exacta y brutalmente de una sola mirada. En aquella época, no se decía nada de estas cosas, sobre todo en tales circunstancias. De repente, no pudimos hablarnos más. No pudimos, tampoco, mirarnos más, nos quedamos sin fuerzas, fulminados. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente, al llegar a París. Él estaba junto a la puerta, apagó la luz. Entre él y yo había un asiento vacío. Me estiré sobre la banqueta, doblé las piernas y cerré los ojos. Oí que abrían la puerta, salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias. Él dijo: "Por la noche, en los trenes, apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Me quedé dormida. Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas, las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. Abrí los ojos apenas. Vi que miraba a la gente del vagón, que la vigilaba, que tenía miedo. En un movimiento muy lento, avancé mi cuerpo hacia él. Puse mis pies contra él. Se los di. Él los cogió. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. Al principio eran lentos, luego empezaron a ser cada vez más retardados, contenidos hasta el final, el abandono al goce, tan difícil de soportar como si hubiera gritado.
Hubo un largo momento en que no ocurrió nada, salvo el ruido del tren. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor. Luego, de nuevo, resultó soportable. Su mano llegó sobre mí. Era salvaje, estaba todavía caliente, tenía miedo. La guardé en la mía. Luego la solté, y la dejé hacer.
El ruido del tren volvió. La mano se retiró, se quedó lejos de mí durante un largo rato, ya no me acuerdo, debí caer dormida.
Volvió.
Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos, el vientre, las caderas, en una especie de humor, de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. Se detiene a saltos. Está sobre el sexo, temblorosa, dispuesta a morder, ardiente de nuevo. Y luego se va. Razona, sienta la cabeza, se pone amable para decir adiós a la niña. Alrededor de la mano, el ruido del tren. Alrededor del tren, la noche. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Las paradas que despiertan. Bajó durante la noche. En París, cuando abrí los ojos, su asiento estaba vacío.

FIN

El último cliente de la noche, de Marguerite Duras

(Cuento. Texto completo )
Marguerite Duras

Marguerite Duras, imagen de su juventud
La carretera atravesaba la Auvernia y el Cantal. Habíamos salido de Saint-Tropez por la tarde, y condujimos hasta entrada la noche. No recuerdo exactamente qué año era, fue en pleno verano. Lo conocía desde principios de año. Lo había encontrado en un baile al que había ido sola. Es otra historia. Quiso parar antes del amanecer en Aurillac. El telegrama había llegado con retraso, había sido enviado a París, y luego reenviado de París a Saint-Tropez. El entierro debía tener lugar al día siguiente, a última hora de la tarde. Hicimos el amor en el hotel «Aurillac», y luego volvimos a hacerlo. Por la mañana lo hicimos de nuevo. Creo que fue allí, durante este viaje, cuando el deseo se esclareció en mi cabeza. Por él. Creo. Pero, estoy menos segura. Pero por él, sin duda, sí, desde el momento que se unía a mí en este deseo. Pero él, como otro, como el último cliente de la noche. Apenas dormimos, y reemprendimos el viaje muy pronto. Era una carretera muy bonita y terrible, interminable, con curvas cada cien metros. Sí, fue durante este viaje. Esto nunca se ha vuelto a repetir en mi vida. El lugar ya estaba allí. Sobre el cuerpo. En estas habitaciones de hotel. Sobre las orillas arenosas del río. El lugar era oscuro. Estaba también en los castillos, en sus muros. En la crueldad de las cacerías. De los hombres. En el miedo. En los bosques. En el desierto de las alamedas. De los estanques. Del cielo. Tomamos una habitación al borde del río. Volvimos a hacer el amor. No podíamos hablarnos más. Bebíamos. En la sangre fría, golpeaba. El rostro. Y ciertos lugares del cuerpo. No podíamos acercarnos ya el uno al otro sin tener miedo, sin temblar. Me llevó hasta lo alto del parque, a la entrada del castillo. Estaban los de Pompas Fúnebres, los guardianes del castillo, el ama de mi madre y mi hermano mayor. A mi madre no la habían metido todavía en el ataúd. Todo el mundo me esperaba. Mi madre. Besé la frente helada. Mi hermano lloraba. En la iglesia de Onzain éramos tres, los guardianes se habían quedado en el castillo. Yo pensaba en este hombre que me esperaba en el hotel al borde del río. No me daban pena, ni la mujer muerta ni el hombre que lloraba, su hijo. Nunca más he tenido. Después vino la cita con el notario. Consentí a las disposiciones testamentarias de mi madre, me desheredé.
Él me esperaba en el parque. Dormimos en este hotel al borde del Loira. Después, nos quedamos varios días junto al río, dando vueltas por allí. Permanecimos en la habitación hasta entrada la tarde. Bebíamos. Salíamos para beber. Volvíamos a la habitación. Luego, volvíamos a salir por la noche. Buscábamos cafés abiertos. Era la locura. No podíamos marcharnos del bar, de este lugar. De lo que buscábamos, no se hablaba. A veces, teníamos miedo. Sentíamos una profunda pena. Llorábamos. La palabra no se pronunciaba. Lamentábamos no amarnos. Ya no sabíamos nada. Existía sólo lo que se decía. Sabíamos que esto no volvería a ocurrir en nuestra vida, pero de esto no se decía nada, ni que éramos los mismos frente a esta disposición de nuestro deseo. Esto siguió siendo la locura durante todo el invierno. Después, fue menos grave, una historia de amor. Posteriormente aún escribí Moderato Cantabile.
FIN